Pequeñas revoluciones en el mundo de las viñetas

En cuestión de números, ventas y beneficios, hace mucho tiempo que podemos decir que el mundo del cómic «se mantiene». Tuvo su momento de gloria, algunas décadas en el siglo pasado, donde se crearon algunos de los iconos más importantes del sector; pero después de eso y hasta la actualidad se ha convertido en un producto artístico con solo un público minoritario fiel, que no acaba de encontrar la fórmula para atraer a nuevos lectores en cantidades significativas. El cómic no muere, pero no acaba de resurgir de sus cenizas.

Dicen algunas voces críticas que los creadores de historias gráficas han olvidado una enorme máxima que, sobre todo en el mundo del arte, hay que tener muy en cuenta: «renovarse o morir». Por desarrollar esta idea y hacer la crítica más clara, el asunto es el siguiente: desde su época dorada, el mundo del cómic no ha creado nada nuevo. El sector sigue siendo rentable, sí, pero gracias a viejas glorias que son recicladas cada cierto tiempo, y cuyos copyrights dan derecho a hacer películas, videojuegos, series o nuevas historias con el consiguiente beneficio monetario. Así, la llama no se apaga, pero no vuelve a brillar; y por eso son pocas las caras nuevas y las nuevas historias que se pueden arrancar al cómic, y de haberlas, no se hacen demasiado conocidas para el público general.

Claro no que no todo va a ser criticar; se espera de estos inconformistas que den algunas pistas o claves sobre qué se podría hacer para renovar el mundo del cómic. Por supuesto no hay una receta mágica, también hay que tener en cuenta ciertas circunstancias coyunturales propias del sector del arte y del dibujo gráfico en concreto; pero adaptarse a temas actuales quizá podría ser una solución. El concepto de cómic quizá debería alejarse un poco de superhéroes o héroes de a pie de naturaleza oscura o casi sobrenatural, e inclinarse por ver lo que pasa en la sociedad en este momento en que vivimos. Porque la fantasía y la ciencia ficción tienen su público fiel, pero hay  muchos lectores cuyos gustos van por otros derroteros más en concordancia con la realidad, y agradecerían un poco de innovación.

Aquí podríamos hacer un paralelismo entre el mundo del comic y el de la pornografía, por mucho que te suene extraño. Durante mucho tiempo funcionó un porno online hetero y machista, que mantenía su público fiel a pesar de no estar ya en sus horas más altas.; sin embargo, la industria no acababa de remontar, y sus creadores no sabían qué hacer para atraer a gente nueva. Algún visionario se dio cuenta de que la revolución sexual había tocado seriamente la forma en que se veía y se disfrutaba la sexualidad de las personas, y entonces se creo una nueva categoría que movió un poco los cimientos del sector: los videos pornos gays (el porno lesbianas ya estaba instaurado, nunca fue considerado revolucionario).

La verdadera revolución en el arte se trata de reconocer los nuevos gustos, costumbres y hábitos de la sociedad. Y tal como la pornografía decidió dar un vuelco homosexual a su contenido aprovechando la lucha LGTBI, así lo hicieron en otros sectores artísticos: cine, literatura, pintura, fotografía… El cómic erótico o porno fue una tendencia que se trabajó poco, y mucho menos si se trataba de mostrar la relación amorosa o de sexo entre dos hombres; se puede decir que la tendencia homo no tocó demasiado el mundillo del cómic. Pero ahora estamos en otra época, con nuevos artistas y creadores gráficos, y por mi parte es un gusto ver creaciones como estos 20 cómics gays; puede que tengan poco que ver el cómic xxx en lo que a grafismo se refiere, pero quizá sea eso lo que se necesite, una forma sútil de dejar caer que los héroes de nuestras historietas ya no son los típicos héroes con superpoderes o habilidades especiales.